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PREMIOS
ANUIES 2001
Adrián Acosta Silva de la Universidad de Guadalajara, ganador
Por segundo
año consecutivo, académicos de la región Centro
Occidente obtuvieron en el marco de los Premios ANUIES 2001 el premio
al mejor artículo de investigación sobre los problemas
de la educación superior. El Dr. Adrián Acosta Silva,
coordinador académico de la maestría en Planeación
de la Educación Superior de la Universidad de Guadalajara,
concurso con el artículo Bajo el cielo ¿protector? de
la globalización. Poder y Política de Educación
Superior en América Latina, que publicó en la Revista
Perfiles Educativo de la FLACSO.
El Dr. Acosta miembro del Consejo Editorial de la revista Nexos
y colaborador del periódico Público-Milenio de Guadalajara,
en su discurso manifestó el "honor de hablar a nombre
de los distinguidos colegas que hoy me acompañan. La reconocida
y brillante trayectoria del Dr. Carlos Muñoz Izquierdo, de
quien muchos nos hemos beneficiado de sus innumerables artículos,
libros y estudios, y la prometedora carrera de la Mtra. Norma Patricia
Maldonado Reynoso, me colocan en la difícil posición
de estar en el medio imaginario de los trabajos de dos colegas que
ahora reciben un justo reconocimiento a su trayectoria académica
y a su trabajo recepcional, respectivamente. Espero que mis palabras
correspondan al espíritu de celebración de esta ceremonia.
Creo que los Premios ANUIES se ha convertido en muy poco tiempo
en una excelente oportunidad para dar a conocer y reconocer, al
mismo tiempo, los estudios, ensayos y proyectos que se realizan
sobre la educación superior mexicana. Con estos reconocimientos
se legitima también, me parece, la importancia y la validez
de los estudios sobre la educación superior, y se consolida
este "mundo" como un objeto de investigación, reflexión
y acción que es necesario para impulsar proyectos de transformación
nacional que vayan más allá del presente continuo
que parece avasallarnos desde hace tiempo, y que se coloquen con
la perspectiva de un futuro abierto, polémico pero esperanzador,
en un contexto donde domina la sensación de que todo lo sólido
parece desvanecerse en el aire, como escribió hace ya un
siglo y medio el viejo profesor Marx.
En el contexto de un proceso de cambio multidireccional, quienes
estudiamos sistemáticamente a la educación superior
a veces no comprendemos el curso de los acontecimientos y nos aferramos
a la seguridad de las teorías, los enfoques y las hipótesis
que en el pasado remoto o reciente se han empleado para construir
alguna explicación a esos mismos fenómenos. El saldo
de todo ello es, me parece, un compromiso ineludible por discutir
con la mayor precisión y rigurosidad posible los desafíos
y los cambios que hoy o mañana demandarán una explicación
coherente que sirva, eventualmente, para tomar decisiones políticas
y de políticas públicas. Para emplear las palabras
de un analista contemporáneo de la educación superior:
nosotros somos los "intérpretes", los funcionarios
y políticos, los "legisladores".
Esa es la eterna y fascinante Piedra de Sísifo de la investigación
educativa. Comenzar una y otra vez a subir la piedra del conocimiento,
con la certeza, o la ilusión, de que avanzaremos un poquito
más cada día, y de que alguna vez alcanzaremos la
cima del conocimiento general del mundo de la educación superior.
Mientras tanto, y cuando por lo menos tres generaciones de ensayos,
investigaciones y estudios sobre el tema han alimentado el interés
por conocer de manera cada vez más precisa y profunda ese
campo, tal vez sería necesario señalar la importancia
estratégica de la educación superior en una sociedad
y un mundo que ya no son, desde hace tiempo, lo que solían
ser.
De insistir, ante nuestros ciudadanos, funcionarios y políticos
de la postransición política mexicana, de la necesidad
de inyectar más recursos y crear más capacidades en
la educación superior y, en especial, en nuestras universidades
públicas, bajo fórmulas de compromisos específicos,
rendición de cuentas y financiamiento sostenido y creciente
del estado y de la sociedad. No más actos de fe ni ilusiones
desmesuradas de y con la educación superior: esta tiene límites,
alcances e imposibilidades, y la tarea de los intérpretes
y legisladores es mostrarlos lo más claramente posible. Sé
que esta es una vieja aspiración y reclamo de muchos universitarios
y, supongo, de no pocos ciudadanos. Lo que no sé es cómo
y cuando se podrá hacer una realidad reconocida por todos.
Ahora que contamos con una democracia de "primera generación",
con un sistema de partidos y un congreso plural y diverso, parecería
la hora de fijar las bases de una coalición reformadora entre
las instituciones de educación superior y las instituciones
políticas locales y federal que sirva de plataforma a una
nueva generación de reformas educativas en este sector, que
garantice el cumplimiento de los compromisos mutuos y las condiciones
de su cumplimiento. Ahora que la democracia comienza a desplegar
sus límites y potencialidades para elaborar políticas
racionales en sociedades complejas como la mexicana, la educación
superior puede constituirse como el escenario de una nueva forma
de gobernabilidad institucional que garantice legitimidad, eficacia
y resultados visibles para las instituciones pero sobre todo, para
los ciudadanos.
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